Tradiciones

Los Telares


La industria artesanal del telar es una de las más antiguas y prosperas con las que ha contado la comarca de Níjar. Documentos anteriores al siglo XVIII ya recogían datos sobre el cultivo del moral de las vegas de Níjar, Huebro e Inox, así como de la cría de gusanos de seda. Este hecho nos lleva a relacionar la seda y los tintes con la tradición de los telares en Níjar para su manufactura y su posterior comercialización.

El telar ha subsistido hasta nuestros días gracias a su faceta doméstica, en una sociedad de carestías y pocos medios, y en el que fue utilizado durante mucho tiempo para el reciclado de las ropas usadas (harapos) con las que se confeccionaban tapijas (mantas para la cama), tendales (mantas para la recogida de la aceituna) y tendíos (paño que se usaba sobre las tablas del pan o para cubrir la artesa mientras la masa fermentaba).

En los últimos años del siglo pasado sirvió como sobresueldo de algunas familias que instalaban un telar en su domicilio, cortaban los retales, unían tiras y hacían los ovillos para abastecer a los telares. Una economía sumergida que, sin embargo, mantuvo hasta nuestros días esta bonita tradición artesana.

El manejo del telar, aunque sencillo, requiere tiempo y dedicación hasta conseguir la habilidad y rapidez que haga rentable su manejo. La imaginación y buen gusto a la hora del diseño y la elección de los colores son una parte esencial en la confección de la jarapa: colores vivos y bien combinados hacen el producto más atractivo y marcan las diferencias artísticas entre los  diferentes artesanos.

Su estructura coincide con la que se puede encontrar en toda Andalucía y consta de un armazón de madera anclado a techo y paredes, urdimbre horizontal y pedales para mover los hilos alternativamente con el fin de que la lanzadera, en su recorrido de vaivén, vaya entrelazándose en el tejido y formando la jarapa.

Existen dos tipo de jarapas dependiendo de la textura del trapo: las lisas son las más tradicionales y menos pesadas y se vienen confeccionando de la misma forma durante siglos. Las de pelo confeccionadas con retales de tela deshilachada le confieren una textura gruesa y cálida, ideal para su uso como alfombra y para la confección de tapices.

Así pues y ante tantos brotes de tradición, resultará imposible visitar Níjar y no llevarse una jarapa de recuerdo para alfombrar nuestra casa o la de un amigo especial con el que queramos compartir las sensaciones vividas en nuestra visita.

La Alfarería


La Alfarería es uno de los exponentes ancestrales de la artesanía nijareña, en la que los lugareños aprenden y transmiten los métodos de fabricación, para preservar un arte de raíces árabes que, conservando formas y técnicas, aún posee reminiscencias de la cerámica del norte de África.

La cerámica tradicional de Níjar se elabora con la arcilla del paraje de la Olla Puchero y se dibuja con los óxidos verdosos de Sierra Alhamilla y Rodalquilar, morados de Fernán Pérez, amarillos ferruginosos de las minas de la zona y azules cobalto traídos de puntos más lejanos.

Artistas y artesanos llegados de distintas y variadas partes del mundo han conseguido aunar lo sajón y morisco en mosaicos, escenas, jarras y platos. Éstos, junto a las nuevas generaciones autóctonas, han creado un estilo basado en el diseño y la innovación, y bajo la influencia de este marco incomparable han permitido abrir el mercado, así como participar en distintas ferias de turismo y eventos promocionales.

El proceso que siguen los distintos materiales desde su recogida hasta la venta del producto final es largo y laborioso. Las tierras son transportadas desde las canteras hasta el “alfar” donde, una vez cernidas y mezcladas en la batidora, se introducen en una balsa de decantación y evaporación hasta conseguir la plasticidad necesaria.

Posteriormente es cortada en dados y trasladada al oficio (lugar de trabajo) para el amasado, labor encomendada a los aprendices que, como si de uva se tratara, la pisan con los pies descalzos para eliminar de su interior cualquier resto de aire que haría estallar la pieza en el horno.

Una vez conseguida la homogenización de la pasta, ésta es transportada al torno donde el maestro alfarero levantará la pella hasta formar un cono del que irá extrayendo, con manos expertas, las formas que su experiencia y pericia han ido acumulando en su imaginación para convertirlas en piezas únicas. Finalmente y como paso previo a una opcional ornamentación, se procede a su cocción en hornos de planta romana a unos 900ºC, aun siendo la medición térmica “a ojo” una virtud infalible de los más experimentados.

El Esparto


El esparto ha sido una de las principales materias primas utilizadas en la zona mediterránea desde la antigüedad. Planta ligada al sureste peninsular, era materia prima básica y fundamental para elaborar alpargatas, reponer cuerdas, arreglar la albarda de los burros, fabricar una espuerta o improvisar un recipiente. Fue recolectado desde la prehistoria por los habitantes de Níjar para su tratamiento y utilización en la fabricación de útiles agrícolas y del hogar, llegándose a convertir en una de las principales bases económicas del municipio durante los siglos XVIII y XIX.

La figura del espartero estaba complementada con la del Cogeor y el Dedil que, durante el proceso de recolección, agrupaban el esparto en manojos y haces, para al final de la jornada trasladarlo hasta La Romana, lugar donde era pesado y pagado por la persona que se había adjudicado el lote de la subasta. Posteriormente seria transportado hasta las fábricas de papel.

En la actualidad, la confección de piezas de esparto es utilizada como reclamo para el turista, que no resiste la tentación de evocar a los tiempos pasados y hacerse con alguna pieza para decorar algún rincón de su casa.

Tras su recolección, el esparto se introduce en agua (entre 15-40 días) con el fin de reblandecer sus fibras (conchura) y poderlo trabajar sin que se parta. Posteriormente se traslada a la Majaera (piedra plana), donde se golpea con la maza hasta separar las fibras y se convierte en esparto majao. En algunas ocasiones las fibras de esparto se suelen teñir de colores con el fin de aportar vistosidad y colorido a los trabajos.

Hoy en día, podemos encontrar piezas de esparto en casi todos los comercios, aunque cada vez son menos las personas que se dedican a su fabricación, ya que es una ardua tarea que requiere mucho tiempo y paciencia. En el siglo XXI esta actividad se ha reconvertido en artesanía para el ocio, con la que muchos jubilados se recrean para disfrutar creativamente de su tiempo.

Afortunadamente y a pesar del paso del tiempo, en Níjar consideramos imprescindible seguir conservando esta noble tradición artesanal que mantiene nuestras raíces y deleita a todo aquel que nos visita.